Todas, seguramente llevamos años buscando algo que cuesta de concretar o definir su forma o de qué materia está hecha. Sin embargo mientras hemos recorrido caminos escarpados, valles frondosos o quizás calurosos desiertos, nos hemos encontrado con agua cuando deseábamos tierra firme, sobra cuando necesitábamos luz para ver dónde poníamos nuestros pies o encontrábamos palabras cuando necesitábamos el más profundo silencio.
La verdad es que no hay fórmulas absolutas para resolver las ecuaciones que insiste en retarte la vida. No hay un camino único para mostrarte quién eres y así liberarte de la angustia de la incertidumbre, de la ceguera de la noche más oscura o que te ahorre el viaje que sí o sí tienes que hacer hacia dentro, donde te espera el desván lleno de cajas de recuerdos, de ya veremos o para luego.
Seguramente durante años has estado esperando el anhelado amanecer que te aleje de las tinieblas de intentar ser perfecta, del tener que llegar a todo y de la voz tirana que insidiosa quiere convencerte de que renuncies a vivir, porque dice, hay una certeza de fracaso.
Deja que te diga, todo lo que deseas está dentro de ti. Suena utópico o tópico, sin embargo, te invito a que te sientes cómoda, *cierra los ojos y respira. Pon tu mano en el corazón ¿Lo sientes? Ahí estás, latiendo por ti y para ti. Llevando todo lo que necesitas a cada célula de tu cuerpo, sin esperar el permiso de nadie para hacerlo. Ahí habita tu Atemisa, salvaje, indómita, que no espera el permiso de si lo puede hacer o no. Sino que late en su completud, acompañándote para que te conectes contigo y en cualquier cosa que desees. Porque cuando hablamos de deseo, instintivamente llevamos nuestra mano al corazón, donde nos encontramos con ella para recordarnos nuestra fuerza, nuestro coraje, nuestro poder. Es el lugar donde acudimos a encontrarnos instintivamente con su poder arquetipal, cuando nos queremos cuidar y deseamos conectar con nuestra naturaleza salvaje.
¿Quieres convocarla en este cambio de ciclo?
Visita un bosque, corre por un campo, siente tus piernas y tus pies sacudir el suelo, que tu corazón lata tan fuerte que sientas su pulso por todo tu cuerpo. *Cierra los ojos y respira, siente el latido, respira, siente el latido, respira…
También puedes dejarte bañar por la luz de la luna. Observa cómo bajo su luz el paisaje se transforma, los detalles son difusos, bellos y misteriosos. Ábrete a las formas que dibuja esa luz a tu alrededor, mira sin querer definir, sólo intuir.
La luz que se abre paso a través de las sombras.
Te abrazo con cariño,
Numen